Imaginemos que soy un carpintero y me dedico a fabricar muebles. A partir de la madera fabrico una silla y la vendo. Una vez vendida la silla sólo me queda el dinero que recibí por ella y la experiencia adquirida en su fabricación. Si quiero volver a ganar dinero, tengo que fabricar otro mueble. Esta es la regla general en la producción de bienes.
Imaginemos que soy un escritor y me dedico a escribir libros. Escribo un libro y consigo que una editorial respetable lo publique. En el contrato establecemos que un determinado porcentaje del precio de venta me corresponde a mi. Se venden diez mil ejemplares.
Esto quiere decir que cobro diez mil veces por algo que hice una. ¡Un excelente negocio!
¿Cómo es esto posible? Por una característica que voy a llamar "copiabilidad", que consiste en que una vez producido un original se pueden hacer muchas copias de él a un coste y esfuerzo mucho menor al requerido para la producción del modelo. Una vez escrito el libro se imprimen muchas copias y el precio de venta es, por supuesto, muy superior a los materiales empleados en su fabricación. Lo mismo para un diario o disco.
Este procedimiento si bien es muy barato por unidad requiere en principio de una gran infraestructura de base, pero como contrapartida los beneficios son enormes una vez obtenida esta. Por eso existieron intermediarios especializados en esta función, que en muchos casos se convirtieron en enormes empresas. El intermediario, además de copiar, se ocupa de hacer publicidad para promover la venta. Recibe, como es lógico, un beneficio económico por su tarea y no la realizaría si éste no existiera.
Pero la copiabilidad también permite que quien acceda a una copia también haga copias a su vez de la obra. Esto es muy bueno para la difusión de la misma, ya que permite que llegue a personas que no estarían dispuestas a pagar por ella. La era digital facilitó este procedimiento al permitir que las nuevas copias mantuvieran la calidad exacta del original, cosa que no pasaba al fotocopiar una fotocopia o al volver a copiar un cassette de video o sonido.
Existe también la posibilidad de que un intermediario tome la copia, haga otras y las venda sin autorización del intermediario original ni del autor. Esto actúa como un regulador de precios y beneficia al potencial consumidor: sólo se da en casos en que el precio del original es excesivo, ya que el intermediario que copia también busca tener un margen de ganancia y esto sería imposible si el precio de la copia autorizada fuera el de mercado. La posibilidad de que exista una copia no autorizada ayuda a mantener el precio de la copia autorizada dentro de parámetros razonables.
La era de Internet ha facilitado la copiabilidad: ya ni siquiera es necesario ese soporte físico en papel o plástico. Esto facilita el trabajo a los creadores, ya que ahora un escritor puede publicar su libro en PDF o un cantante en MP3 sin que sea estrictamente necesario para ellos lidiar con editoriales o discográficas. Pueden hacerlo, pero no están obligados. La desventaja de no hacerlo es no contar con la publicidad de los grandes intermediarios, aunque también existe publicidad "boca a boca" en redes sociales (que si es lo suficientemente amplia llega de todas formas a los medios masivos).
¿Y qué pasa con la explotación económica de la obra? Volvamos a la idea básica: el autor se vale de la copiabilidad para recibir dinero muchas veces por algo que hizo una sola. Nadie cuestiona esto. ¿Por qué entonces va a poder hacer uso de esta característica cuando le conviene y quejarse cuando no?
Además...¿de dónde saca esa extraña idea de que no le conviene? Obtiene mayor difusión de su obra, que se supone que era su objetivo al hacerla y además esto hace que aumente la cantidad de potenciales compradores.
Pero si todos pudieran obtener gratis la obra, ¿por qué habrían de pagar por ella? Porque hay muchísimas personas que están dispuestas SIEMPRE a pagar un precio por ella; hay otras personas que quieren retribuir al artista la satisfacción que su obra les produce y están dispuestas incluso a pagarla más cara de lo que sería standard; y hay otras personas que lo hacen por otros motivos.
Todo esto puede parecer correcto en la teoría, pero...¿funciona en la práctica? Veamos dos casos:
1) Radiohead decidió sacar su disco "In Rainbows" el 10 de octubre de 2007 en formato digital. Quienes accedían al sitio fijaban el precio del disco y pagaban para descargarlo. El precio podía ser cero, es decir que era posible descargarlo gratis. El sitio se saturó rapidamente de pedidos de descargas, por lo que también era posible descargarlo por otros sitios que lo subieron sin autorización (y, claro, sin lucro para la banda). Luego se reveló que las descargas hechas entre el 10 de octubre y el 31 de diciembre, fecha en que el disco fue editado en CD, generaron más dinero que el total de ventas de su disco anterior ("Hail to the thief") editado en 2003. Luego el box set del disco, con algunos temas adicionales, vendió más de 100.000 ejemplares en menos de un año.
2) Un ejemplo más cercano en el tiempo y más modesto en dimensiones puede encontrarse en la revista Orsai, que empezó como blog y consiguió en 2011 vender un promedio de 7.000 ejemplares, pese a que la revista también era ofrecida en forma gratuita en formato PDF. Esto permitió que en diciembre de 2011 se lanzara una campaña de suscripción anticipada para el 2012. En un mes la revista logró más de 3.000 suscriptores, que aceptaron pagar las seis revistas de 2012 por adelantado (¡18.000 revistas vendidas por adelantado en un mes!).
Dos casos muy distintos de cómo gracias a la copiabilidad se puede hacer llegar obras a una enorme cantidad de personas y a la vez obtener un beneficio económico para autores e intermediarios; todo esto sin necesidad de leyes SOPA, PIPA, OPEN, ACTA o la-que-sea, sin multas hacia infractores a los "derechos de autor" y sin necesidad de que el FBI detenga y meta preso a nadie por facilitar el acceso a la cultura.
El avance de la copiabilidad es uno de los aspectos de un nuevo mundo. Y, como siempre que un nuevo mundo llega, a quienes obtenían sus beneficios de una lógica obsoleta solo les queda adaptarse. O extinguirse.
Me gustó mucho la nota, Leo! No lo había pensado tan desde ese punto de vista. Lo que pasa es que ciertamente para los que producen es difícil aceptar la idea de la piratería, especialmente debería ser para los que están empezando... pero claro, que un famoso que tiene dos mansiones en países diferentes se venga a quejar porque alguien se toma la molestia de descargar su música, es mucho.
ResponderEliminarA mí me pasó con "Juego de Tronos". Me ofrecieron muchas veces el PDF de todos los libros, pero soy de las personas que prefiero pagar por el libro impreso antes que por la versión pirateada. Sino, conozco gente que se descarga el PDF y después compra el libro en retribución para el escritor.
Gracias!
ResponderEliminarCreo que, para empezar, hay que sacarse de la cabeza la idea misma de "piratería". Copiar no es robar, como dice el video: http://www.youtube.com/watch?v=ros7FaaeLy8
Yo también prefiero pagar por el libro impreso y me parece que es el caso de la mayoría de los lectores. Que exista el PDF sólo hace que circule más y que pueda llegar a muchas más personas. Además hay muchísimos libros, artículos y discos a los que nunca podría haber accedido sin Internet.
Un ejemplo actual en serio: en este mismo momento estoy escuchando un disco en MP3 de Emilie Autumn, a quien jamás habría escuchado de no ser por Youtube y Torrent. Cuando averigüé y me enteré de que ya había dado un recital acá hace poco...¡me quise matar!. Cuando vuelva a dar un recital acá (espero que pronto) pienso ir a verla cueste lo que cueste. Ella va a ganar plata y todos felices. Imaginate que a una sola de las personas a las que le recomiendo el disco (o que lee esto) le pasa lo mismo. Luego se lo recomienda a otras personas y así sigue la rueda infinita.